Pasos para organizar una Asamblea Popular
Pasos para organizar una Asamblea Popular
 

El movimiento social en occidente
un ejemplo en todo,
a propósito de la huelga
nacional contra el “tlc”
23-24 de octubre

 

Sin temor a equivocarse se puede afirmar que el movimiento social al occidente del Valle Central (parte occidental de La Gran Área Metropolítana y transición al Pacífico seco y Zona Norte),   se agita entre aciertos y errores, entre avances y retrocesos, entre aportes y desaciertos, entre lo sublime y lo ridículo; es decir es un ejemplo en todo. Precisamente al calor de las tareas hacia las acciones de la Huelga Nacional del 23 y 24 de octubre, nos hemos encontrado con una serie de vicisitudes negativas, incongruencias organizativas e inconsistencias en lo político y lo ideológico. 

A ciencia cierta el movimiento popular de occidente ha mostrado desde antes del año 2000 una reconocible beligerancia, y un apreciable compromiso con los objetivos de la lucha social. También ha logrado amalgamar los sentimientos populares, alzar las demandas, elaborar propuestas y enlazar la movilización de distintos sectores sociales. En buena medida ha tenido la sabiduría para ganar la iniciativa por momentos y construir movimiento desde la diversidad, superando diferencias tanto de fondo como insustanciales, para engarzar propósitos y voluntades y desarrollar una auténtica unidad en la acción.  

Hoy el entarimado del movimiento social en la región se ha vuelto más complejo. Desde la constitución del Comité Cívico de Occidente, surgido en los combates frente al Combo – ICE, luego aparece el Comité Palmareño contra el TLC y el neoliberalismo,  se crean las Asambleas Populares, mas recientemente se intenta una coordinadora de organizaciones y además se establece el Frente  Occidental contra el TLC. Esa Gama de agrupamientos se forman con la perspectiva de aglutinar y propiciar la confluencia de personas y organizaciones que gravitan en la dinámica social de la referida área geográfica.

Originalmente las causas o razones de su aparición son diversas, algunas justificadas en la existencia de diferencias en los métodos de trabajo, formas de organización y contradicciones de orden político e ideológico. En todo caso, nadie niega el derecho legítimo a organizarse e impulsar la integración de comités de lucha y colectivos de acción en Barrios, instituciones o comunidades. En términos generales unas agrupaciones con más continuidad  que otras, han venido aportando a la estructuración de una fuerza popular organizada. Definitivamente han estado contribuyendo con el establecimiento de una red organizativa de base, a partir de  múltiples actividades de información, agitación y formación, tales como talleres, video-foros, charlas, piquetes de propaganda, acciones de calle y articulación de fuerzas vivas.

Sin embargo, en este momento corroboramos la existencia de una realidad sorprendentemente impactante. El movimiento social de Occidente está viviendo la crudeza de un crispante e intrincado trance de tensiones internas. Subyacen fricciones, distanciamientos y colisiones; la verdad sea dicha la mayoría nada nuevas, sin que se hayan hecho hasta ahora los esfuerzos suficientes para subsanarlas, ni se ha asumido con las agallas y el coraje necesarios, la responsabilidad para su solución oportuna e inteligente. El afloramiento de posiciones políticas e ideológicas divergentes es un factor consumado  e innegable,  consustancial con los tiempos y lejos de constituir una barrera para el contacto y el intercambio, debemos por el contrario convertirlo en un catalizador de las ideas, formación de pensamiento y elaboración política. Mas, lo que ha enlodado el terreno y ensombrecido el ambiente son disputas en torno a formas de organización, métodos de trabajo y estilos de conducción, que parecen obedecer a la forma y no ser materia de fondo o contenido.

Lo peor lo vemos cuando hacemos  una aproximación con óptica microscópica, y lo que percibimos son choques a partir de valoraciones antojadizas, juicios infundados y apreciaciones superficiales sobre personas y grupos. En nuestra opinión sería una deformación imperdonable y una desviación inaceptable poner en peligro la unidad en la acción, sujetándonos a intransigencias y adoptando actitudes recalcitrantes, sectarias o dogmáticas, desde cuestiones realmente intrascendentes que puedan colocarse como factores sustanciales o se estén identificando como asuntos de principios. En la práctica estamos caminando por un estrecho sinuoso que nos reclama aplomo, carácter y ecuanimidad, así como nos obliga  invariablemente a comprender que en la actualidad el tema profundamente de principios, es la unidad del movimiento popular y la derrota del deplorable plan del imperialismo mal llamado ”tlc”.

Flaco favor le haríamos a la lucha contra el “tlc”, frente a los grupos hegemónicos postrados a los mandatos de Washington y ante al gobierno tiránico y militarizado de Arias, si nos desgranamos en dos o más tendencias realizando manifestaciones por separado, enfrascados en un demencial  drama de  división y debilidad, que sólo derrota, desmovilización y retroceso traería de cara a las masas. Debemos ser consecuentes con lo dicho en diversos momentos de la lucha y en distintos documentos. En comunicado público de julio 2000,  la Comisión Cívica de Occidente (ahora C.C.O.) y la Seccional SINDEU-SO “Ante la agresión al sector agrario, la unidad del pueblo costarricense”  se expresaba: “ llamamos a todos los sectores sociales a levantar la voz de protesta y a impulsar iniciativas que contribuyan a desarrollar la unidad nacional, para continuar la defensa de las instituciones públicas, la banca estatal, impedir el saqueo de las riquezas naturales y enfrentar a quienes a toda costa pretenden, destruir la soberanía nacional, pisotear la dignidad del pueblo y entregar el patrimonio nacional al capital multinacional.”            

En la “Declaración del Pueblo Ramonense ante los Enemigos de la Patria” de julio 2001, el Comité Cívico de Occidente planteaba: “Llamar a los sectores sociales, organizaciones populares y fuerzas vivas en general, a llevar a nuevos planos la organización, movilización  y agitación en torno a la defensa del ICE. Avanzar en un esfuerzo supremo hacia la unidad, la cooperación y la solidaridad, en las luchas por la recuperación del patrimonio nacional.” En proclama de la Asamblea del Pueblo de setiembre  2001 se declaraba: “La Asamblea del Pueblo…en un contexto de diversidad de pensamiento, pero de unidad en acción, convoca a la unidad nacional de los sectores populares para que se fortalezca y se eleve a planos superiores y urgentes la movilización, la denuncia, la agitación y la organización para avanzar en las batallas por la soberanía y la dignidad nacional.”

En comunicado “Posición del Pueblo Ramonense ante el acuerdo entre el Movimiento Cívico Nacional y el Poder Ejecutivo” del 31 de marzo de 2004, el pueblo ramonense, Asociación de Estudiantes de la Sede de Occidente UCR, MTC-San Ramón, Comité Cívico de Occidente, Traileros y demás organizaciones populares y de base de la Región de Occidente manifestaban: Ese acuerdo no es nuestro, debemos estar unidos y despiertos para retomar con más fuerza la lucha contra RITEVE, el plan fiscal y el TLC, dentro del combate a las medidas antipopulares del gobierno neoliberal.” En documento del Comité Cívico de Occidente “ El CCO y su lugar en la realidad Nacional “ de enero 2005, se indicaba: “Uno de los objetivos que se ha trazado desde hace mucho el Comité Cívico de Occidente y que desde 2003 forma parte de nuestras consignas de lucha, constituye el llamado a la unión de los sectores y organizaciones populares de Costa Rica…Sin duda en este año 2005 el Comité Cívico de Occidente debe seguir trabajando por la unión de todo el pueblo, específicamente de la región de occidente, para luchar contra la arremetida neoliberal que se viene…”                       

Muchos artículos que se han hecho circular por diferentes medios hacen referencia a la necesidad indeclinable de la unidad y la organización popular desde las bases. El compañero Tito Méndez Jiménez en el artículo titulado “En la calle enterraremos el TLC con Estados Unidos” de agosto 2005, decía: “únicamente un pueblo educado, sabio, valiente y, sobre todo, organizado desde las bases podrá hacer frente el TLC con un país que ya antes, en 1856-57, por la fuerza nos quiso sojuzgar.”  También en un artículo de noviembre 2005, denominado “Ojo avizor: la etapa actual de la lucha transita por terreno minado” afirmábamos: “Debemos poner todas nuestras fuerzas en tensión, para llevarnos a continuar ganando la iniciativa, a fortalecer la unidad en la acción, a sostener en alto la guardia, a elevar a nuevos planos la capacidad para combinar los más diversos y creativos medios de lucha; y a descubrir y liquidar los reductos de claudicación, la inercia y la mediatización, incrementando la movilidad y la audacia en las acciones.”

Ante todo estamos en la obligación de responder al imperativo ineludible de trabajar  por consolidar la unidad en la acción. Debemos sobreponernos a vanidades, ambiciones y personalismos y procurar la cohesión, el reagrupamiento y la conjunción de las fuerzas populares y de esa manera integrar en una sola causa a los contingentes de los distintos sectores sociales, decididos a emprender las actividades, las movilizaciones y las batallas que la actualidad nos exige. En ese sentido, las acciones de la huelga nacional del 23 y 24 de octubre se realizaron en forma unitaria y siguiendo un plan único en el que convergieron un amplio conglomerado de  organizaciones y frentes sociales de occidente, comprometidos en las luchas populares contra las aniquilantes políticas aperturistas. Sin entrar en un balance político a profundidad, es importante resaltar algunos hechos significativos que arrojan alertas sobre el desarrollo escalonado de las movilizaciones:

  1. Cuando se planteó  la reunión  de las agrupaciones sociales de occidente en la Ciudad Universitaria “Carlos Monge Alfaro” de San Ramón; auspiciada y convocada por la Comisión Universitaria contra el TLC y la Seccional del SINDEU-SO,  y se propuso conformar una convergencia permanente para el despliegue de las protestas contra el “tlc”, a partir del principio de la unidad en la acción, no se pretendía reducir la  toma de decisiones a un representante por colectivo u organización. Por el contrario se intuía que el carácter del proceso unitario debía sustentarse en la democracia y la horizontalidad, y las determinaciones políticas del movimiento sobre sus actividades, objetivos y propósitos, sean de forma o contenido, debían resolverse siempre en asamblea como el espacio fundamental e irrenunciable de funcionamiento y articulación de la lucha, desterrando así todo germen que podría dar origen a cúpulas sustitutivas  de la participación, la claridad y la inteligencia colectiva.

  2. Se percibió un fenómeno combinado de confusión, dispersión y autoritarismo, particularmente cuando no se cumplió el acuerdo y se atropelló  la voluntad del conglomerado, de mantenerse en el punto de encuentro de las columnas que se movían tanto, de Naranjo y Palmares como de San Ramón, como parte de  las acciones de toma de la pista Bernardo Soto el 24 de octubre, durante las manifestaciones del segundo día de huelga nacional contra el “tlc”. Hubo órdenes y jerarquización individual que degeneró en un grave irrespeto del sentir  de los amplios sectores movilizados, con lo que se provocó confusión,  desorientación y una peligrosa desarticulación entre la gente.

  3. Cuando las organizaciones estudiantiles apoyadas por otros grupos bloquearon el puente sobre el río Grande, algunas personas increparon a quienes asumían en ese momento la iniciativa de la protesta con acciones definitivamente válidas, y las cuales lejos de recriminar había que respaldar. Apoyar a las fuerzas que se tomaron el puente era la actitud consecuente, unitaria y de principios que correspondía, no la deliberada, divisionista y provocativa conducta de cierta dirigencia que señaló en tono desafiante, delator y acusador, advirtiendo a la tropa  policíaca  “ vean; estos son los que están bloqueando, nosotros no”.

La referida experiencia nos hace reflexionar seriamente sobre la urgencia de ampliar la tolerancia de todos los sectores, hacia la construcción de la acción y los espacios del movimiento social.    Como lo indica Aarón Moya en su artículo “La maldición del movimiento social” en revista “LA LIBERTAD” de octubre 2006, página 11: “…hay quienes se arrogan la razón de las actividades, sienten autoridad para limitar y regañar a todo aquel que trate de salirse de sus dictados, ante lo que opino lo siguiente. Nadie dentro del movimiento social tiene autoridad moral de calificar como “no adecuada” las acciones de una persona o un grupo, ya que cada grupo y persona tienen sus razones para darle sentido a su acción. La tendencia dictatorial solo viene a extender la base del poder de los dominadores, y a consolidar la tendencia jerarquizante del orden burgués dentro del movimiento social.”   

Una interpretación precisa, aguda, concienzuda y mesurada    de tales incidentes y momentos en el desenvolvimiento de las acciones de lucha, es trascendental en el continuo análisis de la etapa actual del movimiento popular y en torno a la discusión sobre la dimensión de la protesta social. Abrámosle espacio a la esperanza redoblando con tenacidad y  pasión el espíritu unitario y el quehacer de la fuerza social  genuinamente popular, que construye movimiento desde donde vive, estudia, o realiza su vida cotidiana. Es decir, esa dinámica articulada desde abajo y desde la periferia imprimiéndole contenido de base social, con los ingredientes que sólo el puro pueblo puede aportar a un movimiento social, que requiere de sentido común, mucha dignidad, amplitud, vocación crítica, estrechar las relaciones de cooperación, solidaridad y apoyo mutuo,  sabiduría labriega que le permita interpretar el incremento, multiplicación y diversificación de las acciones, aptitud y voluntad que sepan catalizar la creatividad de las personas y mucha iniciativa, para afrontar con capacidad las fases decisivas que se avecinan  en el combate por la soberanía y la transformación de la sociedad costarricense.

Así lo confirma Jorge Castillo en el artículo “los Chiles un ejemplo de resistencia al TLC “ en revista “LA LIBERTAD” de octubre 2006, página 7: “Por eso, quienes seguimos creyendo en la utopía (aquello que hoy no es,  pero que haremos con la colaboración de todas y de todos) debemos ser claros, la lucha contra el mal llamado “tlc”, es la lucha contra las políticas neoliberales, contra todos los políticos corruptos y contra el estado centralizado y corrupto. La resistencia debe ser organizada desde las bases, en las comunidades, en los lugares de trabajo y estudio. La resistencia debe ser integrada a nuestra vida cotidiana, a nuestras costumbres, rechazando las formas de consumo que nos ha enseñado la publicidad… Las personas solo debemos volver a creer en nosotros mismos, en nuestras propias capacidades, rechazar la intermediación de los políticos y de los dirigentes de escritorio, para resolver los problemas sociales y renovar formas de convivencia pacíficas y en armonía con la naturaleza.”

Sigamos confluyendo como un solo bloque interiorizando en nuestras conciencias las verdaderas razones del pueblo llano, que con su energía, sencillez, sentimientos y calor humano del más vital, sabrá en todo momento levantar su autoridad moral histórica y legítima y desencadenar su furia libertaria. No dejemos esfumarse las tradiciones de lucha, el ideario de rebeldía, el añejo prestigio de integridad, la naturaleza visionaria y la proyección del pueblo de Occidente, como baluarte histórico en las contiendas por los derechos fundamentales de los diferentes sectores populares, por la conquista de la independencia y por la justicia social. Sepamos actuar con sapiencia y sensibilidad para hacer conjugar interactivamente voluntades, espíritu, conocimientos, experiencia y las virtudes del sentir popular, porque a cada paso confirmamos que ese es el único camino que nos llevará a compactar la fuerza necesaria,  para afrontar las batallas venideras y determinantes por la derrota de los planes de explotación de la corporatocracia imperialista, del despotismo entreguista de los hermanos Arias y de la política de dominación de Washington. Porque hoy más que nunca confirmamos que solo el pueblo salva al pueblo.

 

Oscar Barrantes Rodríguez
Comité Cívico de Occidente, Asamblea del Pueblo
San Ramón - Costa Rica, octubre de 2006

 

 

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