Pasos para organizar una Asamblea Popular
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Acosa el poder

Tatiana Lobo

El acoso sexual rara vez proviene de mujeres, estadísticamente es  masculino.  Y tan es así que cuando he comentado con algunos amigos la vileza de estas acciones, advierto que aún en casos de hombres que considero libres de toda sospecha, aparece una sonrisa o una mirada jocosa apenas contenida.

¿Qué es lo divertido? ¿Dónde está el chiste? Hay que buscarlo en la cultura, en la educación sexual y en la licencia que la construcción de la masculinidad otorga a los varones llevándolos a un presupuesto que en su misma fórmula ya es abusivo:” tienes que querer porque yo así lo quiero”.

Entonces sucede que un cierto varón, (muy cariñoso, dicen), se sorprende que una mujer arrinconada en la pared se niegue a devolverle un beso y alegue su condición de mujer casada para contenerlo. Mojigata, claro, puritana, por supuesto. Al señor no se le pasa por la cabeza que ella no lo desea, no le da la gana, no se excita, para decirlo claro. Para el acosador esto es inadmisible, cree que toda mujer se vuelve loca de gratitud cuando un hombre la invita a la cama. Es más, es un honor, un homenaje. A las feas, pobrecillas, nadie les hace propuestas tan halagadoras.  

En el juicio de Nüremberg un nazi, sorprendido, le decía a sus jueces “!pero si yo solo maté judíos! “ Los acosadores desenmascarados también se sorprenden “!pero si yo sólo quería acostarme con ella!”  Pero se da el caso de que los judíos no querían morir en los campos de concentración y las mujeres no quieren acostarse con un hombre que no les gusta.  De acuerdo, la comparación es hiperbólica, existe un trecho bastante largo entre unos y otras, el del derecho a la vida. Pero el principio de abuso de poder, de someter, de humillar, de violentar la voluntad de la otra parte, de disponer del cuerpo ajeno, es el mismo.

La aceptación legal de que el acoso sexual es un atropello es muy reciente. Será necesario un gran esfuerzo para que finalmente se logre hacer respetar la frontera que marca la negativa.  Hay que comenzar por las mismas mujeres, deben aprender a diferenciar entre un coqueteo y la dominación; deben aprender a legitimar su rechazo; deben saber que si no les gusta la propuesta y pese a ello el otro insiste, son víctimas de ultraje.

Cuando al acoso se suman la amenaza y el amedrentamiento, es signo de que el acosador se valora como cazador y a la acosada como su presa. No procede con ingenuidad ni por ignorancia, está perfectamente claro que avasalla, no se confunde. El acosador chantajista, como el que soborna,  se escuda en el poder que tiene y se aprovecha de la indefensión de su víctima. Hay premeditación y hay alevosía.

La solidaridad entre mujeres no es mecánica, depende de sus niveles de consciencia y también de la posición que ocupan en las estructuras de poder. Las diputadas que defendieron a su colega en el último escándalo de este tipo protegen un sistema autoritario que ellas avalan y comparten, es el mismo sistema que nos quiere doblegar ante el TLC.

El abuso es abuso en cualquier parte, como el no es NO bajo cualquier circunstancia.

 

 

 

 

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