Pasos para organizar una Asamblea Popular
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8 de mayo o, ¿para qué marchar?

¿Qué ganamos con marchar?, se preguntaba un viejo amigo, y respondía él mismo:  ¡Nada!  Esto lo recordé al intentar un análisis de la marcha de ayer, 8 de mayo.  Cuán proféticas y ciertas, de alguna manera, esas palabras.  Por un lado, los grandes medios de comunicación, controlados por el gran capital, le aplican a las marchas los nuevos verbos:  invisibilizar, ningunear.  Si acaso publican una pequeña nota sobre una pequeña protesta, en el marco de la gran celebración, el ritual de la legitimación del poder, sin importar cómo haya sido obtenido aquel.  La pompa de los “grandes” invitados, que descienden del Olimpo a este país tercermundista.  Es claro a estas alturas que los únicos que sí le dan cobertura completa a las marchas son las cámaras de la policía.  Entonces, ¿para qué marchar?, ¿para completar los ficheros policiales?

Ayer, nuevamente, hubo una enérgica manifestación de rechazo al neoliberalismo, como ya ha sido tradición en este sufrido país.  De nuevo, irrumpe en las calles el movimiento social, con fuerza.  Llamando poderosamente la atención, en el caso de ayer, la altísima participación de muchachos y muchachas en esta manifestación.  Como para hacernos soñar que hay futuro, que el movimiento social puede retomar su lugar y detener la imposición del mal llamado “tlc” con el imperio.  La juventud se manifestó, con coraje, con claridad respecto a lo que está en juego tras el espectáculo circense en el Estadio Nacional.  No hay duda que tal participación nos permite respirar hoy con mayor tranquilidad.  Ahí están los y las jóvenes, dispuestos y dispuestas a dar el combate contra el “consenso de Washington”.

Sin embargo, ayer, nuevamente, aprovechándose de la frescura y espontaneidad de esa juventud en lucha, los traidores de siempre, los conciliadores, los burócratas sindicales y políticos, los emisarios de la burguesía en el movimiento social, condujeron la marcha hasta el callejón sin salida del frente del ICE.  Entonces, de nuevo, la pregunta:  ¿para qué marchar?  Y de nuevo la respuesta:  para nada.  Lástima tanta energía, tanta combatividad, para conducirla como el ganado al encierro.  Decía una participante en la marcha, al presenciar el triste espectáculo final, claudicante y pasivo:  hasta los niños sabrían que se podía ir por otra vía y no dejarse encerrar en el ICE.  Y así lo demostró un grupo importante de muchachos y muchachas, quienes salieron del encierro y se manifestaron con combatividad y espontaneidad en puntos más cercanos al Estadio Nacional.  Demostrando que sí se podía hacer una manifestación más radical, como la que se merecía el gobierno en ascenso, que lo hace irrespetando su propia legalidad y la voluntad popular.

Ahora, quienes juegan el más triste papel son los partidos de la llamada izquierda, que nuevamente, o son envueltos por las marañas de los traidores o concentrados en sus propios ombligos, contribuyeron a ese triste final que nos hace preguntarnos para qué marchar.  Así ocurrió también el primero de mayo pasado, con el argumento de no romper la unidad (¿cuál?, les pregunto) del movimiento social, aceptaron participar del ritual de la burocracia sindical y rehusaron marchar siquiera hacia la Asamblea Legislativa.  O sea, la denominada izquierda sigue a la cola de los conciliadores, de los emisarios de la burguesía en el movimiento popular.  No tiene iniciativa y cuando la tiene es para contener.  Todo por el anquilosamiento de sus pensamientos y su afán desmesurado de protagonismo que no les ha permitido acercarse a las bases sociales que pretenden “representar”.  ¡Qué triste espectáculo!  Los partidos de la llamada izquierda ahora ya no son la vanguardia, sino la retaguardia de los traidores.  Entonces, ¿para qué marchar?, para nada.

Y en medio de este panorama, ¿qué hacen esas, abstractas y líricas, proclamas de unidad de los partidos de la llamada izquierda?  Si no hay una acción que los distinga con claridad, de los emisarios de la burguesía que dominan las cúpulas del movimiento sindical, la cúpula del movimiento en contra del “tlc”, y que tienen su representante parlamentario.  ¿Qué avance logran con esas entonadas propuestas de unidad si no son capaces ni siquiera de respetar simples acuerdos para un desfile (como ocurrió el primero de mayo)?  Distinta ha sido la posición de la Asamblea del Pueblo, que se expresó en San Ramón de Alajuela el 2 de julio del 2005, por un movimiento social y político de bases, autogestionario, por un movimiento de nuevo tipo que pusiera fin a las ingerencias de los conciliadores en los destinos de las luchas populares.  La Asamblea del Pueblo ha insistido en la necesidad de crear un movimiento político de nuevo tipo, de izquierdas, no electoral, plural, que desplace de una vez y por todas a las castas burocráticas del movimiento social.  La Asamblea del Pueblo ha planteado después de las últimas elecciones y el fracaso de la participación de los partidos de la llamada izquierda, la necesidad de crear un espacio de unidad de la acción de las izquierdas, integrando a los sectores autónomos y revolucionarios:  personas, partidos, colectivos. Y yo continúo esperando una respuesta seria y combativa de parte de esos sectores, lamentando que en dos fechas consecutivas, el primero y el ocho de mayo, no se haya podido expresar una alternativa de las izquierdas para el movimiento social en su conjunto.  Es una lástima que con ese autismo político los partidos llamados de izquierda no logren acercarse a esa cantidad de jóvenes decididos a enfrentar a las políticas neoliberales.

Si a la estrategia, de invisibilizar al movimiento social de descontento, de los grandes medios de comunicación, se le une la política de los traidores de llevar a ese movimiento social a callejones sin salida, entonces, ¿para qué marchar?  Esa es la pregunta que nos debemos hacer ahora y responder ante esta muchachada que está dispuesta a pelear por su futuro.  Ya basta de tantos paños tibios, con creatividad y combatividad, construyamos la respuesta que merece la juventud de este país, respuesta que no encontraremos en manuales ni en libros sagrados de ningún tipo.  El movimiento social de nuevo tipo se debe construir desde la base, con pluralidad, con el respeto a las divergencias, sin sectarismos ni dirigismos.  El programa de este movimiento social lo debe elaborar la base misma, desde abajo, a través de una agenda nacional de lucha que comprenda todas las reivindicaciones locales, regionales y nacionales, ya basta de programas inventados por sabios y doctores, para “dirigir al populacho”.  Ahí está el ejemplo del Manifiesto de San Ramón, un programa elaborado por la base, con todas las reivindicaciones sociales de los distintos grupos sociales aplastados por las políticas neoliberales y la globalización.  De una vez y por todas, dispongamos todos los recursos en la construcción de un movimiento político de nuevo tipo, basado en la autogestión, el federalismo y la acción directa, capaz de dar una respuesta a los muchachos y las muchachas que ayer dijeron dignidad en este país.

Jorge Castillo Arias
San Ramón de Alajuela.
9 de mayo, 2006

 

 

 

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